Un santacruceño en el Ártico: cambió la pesca en Puerto Deseado por un futuro en Groenlandia

 Un santacruceño en el Ártico: cambió la pesca en Puerto Deseado por un futuro en Groenlandia

De Puerto Deseado a Groenlandia: el santacruceño que cambió el asado por ballenas y focas

Facundo Triay, un joven de 28 años oriundo de Puerto Deseado, Santa Cruz, decidió cambiar su vida por completo hace poco más de un año. Atrás dejó su trabajo en la industria pesquera de la Patagonia para aventurarse en Groenlandia, la isla más grande, fría y deshabitada del mundo. Lo impulsó una oferta laboral que sextuplicaba sus ingresos en Argentina y le brindaba estabilidad económica.

Desde su llegada, experimentó un drástico cambio cultural y climático: pasó de los fuertes vientos patagónicos a inviernos con temperaturas que pueden alcanzar los -50°C y veranos donde el sol no se oculta por meses. «Cuando llegamos, todo era blanco, pero no era hielo, era nieve», recuerda sobre su aterrizaje en la capital, Nuuk.

Su trabajo en la industria pesquera de Groenlandia se centra en el procesamiento de langostinos, aunque anteriormente también trabajó con cangrejos gigantes y caviar. “El año pasado matamos cangrejos de hasta 50 centímetros. Se procesaban de manera más artesanal que el langostino”, cuenta.

Un cambio de vida radical

Facundo ingresó al mundo de la pesca en su ciudad natal, donde aprendió a distinguir la calidad de los productos marinos. Su experiencia lo llevó a conocer a un empresario japonés que inspeccionaba mariscos en Argentina y que, tiempo después, lo contactó con una oferta inesperada: un empleo en Groenlandia con un salario considerablemente mayor.

Junto a dos amigos, dejó la Patagonia en busca de nuevas oportunidades. Hoy trabaja jornadas de 12 horas en horario nocturno, lo que le permite acceder a un sueldo un 25% más alto. «Nos descuentan un 42% en impuestos, pero eso cubre salud y educación gratuita. Aun así, lo que queda es mucho más de lo que podría ganar en Argentina», explica.

Uno de los mayores desafíos ha sido la barrera del idioma. Al llegar, no hablaba inglés, pero con el tiempo se fue adaptando. “Mis amigos me ayudaron al principio y después empecé a estudiar”, cuenta.

Del asado a la carne de ballena y foca

La alimentación en Groenlandia también ha sido un cambio importante. «Acá no se come carne vacuna, sino de foca y ballena», explica. La ballena, asegura, tiene un sabor neutro y suele servirse con condimentos que realzan su gusto. La foca, en cambio, es un ingrediente clave en el suaasat, un guiso tradicional del país.

Entre las curiosidades que más le llamaron la atención está la dificultad para conseguir productos típicos argentinos. «La yerba se vende en la farmacia, en paquetes de 75 gramos, como si fuera un remedio», dice con sorpresa.

Un futuro entre el hielo y los fiordos

Groenlandia es un lugar sin rutas entre ciudades, lo que obliga a sus habitantes a trasladarse en avión o barco. Tampoco hay árboles, solo nieve, mar, fiordos y auroras boreales. «Es un lugar hermoso, con paz y seguridad económica. Si puedo traer a toda mi familia, sería un golazo», asegura.

Por ahora, su plan es permanecer entre cinco y diez años en la isla, ahorrar lo suficiente y regresar a Argentina con estabilidad financiera. «Acá podés ahorrar muchísimo, cosa que nunca me había pasado antes», dice con optimismo. Mientras tanto, su madre y su pareja ya están evaluando la posibilidad de seguir sus pasos y mudarse a Groenlandia para trabajar en la misma industria.

Facundo encontró en este remoto rincón del planeta una oportunidad única para su futuro. Desde la Patagonia hasta el Ártico, su historia es un ejemplo de adaptación, esfuerzo y superación.

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